Hablar de la muerte con un niño puede ser uno de los momentos más delicados de la vida familiar. A veces queremos protegerles del dolor, evitar que sufran o incluso ocultarles lo que está pasando porque a nosotros mismos nos cuesta sostenerlo.
Pero los niños perciben perfectamente que algo importante ha ocurrido, aunque nadie se lo explique. El silencio, las frases confusas o las medias verdades pueden generar más miedo que la propia realidad.
Los niños necesitan comprender lo que ha pasado con palabras sencillas, sinceras y adaptadas a su edad, y también necesitan sentir que siguen formando parte de la familia en un momento tan importante como la despedida de alguien querido.
Este texto quiere acompañarte en dos decisiones difíciles pero muy humanas: cómo hablar con tu hijo o hija sobre la muerte y cómo valorar si llevarle o no a un funeral o ceremonia de despedida.
Una de las recomendaciones más importantes en psicología infantil es evitar metáforas que puedan confundir.
Frases como:
pueden parecer más suaves, pero para un niño pueden generar interpretaciones inquietantes.
Un niño pequeño puede pensar:
Por eso, lo más recomendable es explicar la muerte de forma sencilla y literal.
Por ejemplo:
La claridad no hace daño. Lo que da seguridad a los niños es entender qué ha pasado, y poder hacer preguntas sobre ello.
Nuestra recomendación: Busca un sitio tranquilo, sin televisión ni tablets, y di al niño o niña que le tienes que contar una noticia triste. Recuerda no usar eufemismos, sino decir claramente algo como “el abuelo se ha muerto”. Y después explica la muerte de una forma que pueda entender según su edad.
Ejemplo: Guille, ven, siéntate conmigo. Tengo que contarte una noticia triste. El abuelo se ha muerto. Eso significa que ya no está vivo. No le vamos a ver más, ni podremos pasar tiempo con él, ni jugará más contigo. Aunque nos vamos a acordar de él todos los días y mandarle un beso desde el fondo de nuestro corazón. Te queremos todos muchísimo. Hazme todas las preguntas que necesites.
La comprensión de la muerte cambia mucho según la etapa de desarrollo, el tipo de crianza familiar, su personalidad, o si ya conocían a alguien que murió antes o no, y niños de la misma edad pueden reaccionar de forma muy distinta ante un duelo.
Puedes empezar por preguntarle lo que sabe sobre la muerte y desarrollar la conversación a partir de ahí. Ve haciéndole preguntas, o dejando que él las haga. Si hace una pregunta, asume que está preparado para escuchar la respuesta.
Cómo hablar de la muerte con niños de 3 a 5 años
Hasta los dos años los niños no comprenden la muerte. Entre los 3 y los 5 la muerte se percibe como algo temporal o reversible, no la comprenden aún del todo.
En esta fase es importante usar palabras claras, porque tienen un pensamiento muy literal. No digas “el abuelo se ha quedado dormido para siempre”, porque eso es lo que van a pensar. Es importante que uses las palabras “murió” y “muerto”.
Frases útiles:
“La abuela ha muerto. Eso significa que su cuerpo ha dejado de funcionar y no volverá.”
“No podremos verla otra vez, pero podemos recordar cosas bonitas que hicimos con ella.”
Es importante repetir la explicación con paciencia, y no dejar que su imaginación los lleve a pensar que han causado la muerte por haberse portado mal, o que si desean con todas sus fuerzas que regrese, pueden lograrlo.
Sus reacciones más frecuentes aquí son:
Hacer constantemente las mismas preguntas
Tener problemas para dormir o mantener su rutina de sueño
Necesidad de reafirmación de que la muerte no es su culpa
Seguridad de que tú no te vas a morir también
Comportamiento más infantil del que venían mostrando hasta ahora
Cómo hablar de la muerte con niños de 6 a 11 años
A esta edad los niños empiezan a comprender que la muerte es definitiva y que nos pasa a todos, pero aún pueden tener pensamientos mágicos o sentirse responsables.
Aquí ya suelen preocuparse de que tú o más gente pueda morir, si bien suelen comprender algunas casusas de la muerte como la enfermedad (muchos ya entienden palabras como cáncer) o la vejez.
Es muy probable que sientan curiosidad por saber qué pasa cuando nos morimos, a dónde vamos, y que tengan numerosas preguntas logísticas o espirituales al respecto.
Conviene responder con calma y sin entrar en detalles innecesarios. Y ten en cuenta que si te ven muy triste, quieran intentar ocultar sus sentimientos para no entristecerte aún más, con lo que debes explicarles que es bueno sentir emociones y llorar si uno tiene ganas.
En esta etapa, las reacciones más comunes son:
Regresión: Comportamiento más infantil del que venían mostrando hasta ahora, pudiendo llegar incluso a orinarse, o querer volver a usar el chupete.
Apego: Pueden negarse a que les dejes solos y aferrarse a ti. En ese caso es importante asegurarles que no vas a morir y dejarles tú también.
Retraimiento y tristeza.
Agresión: Es la forma en que un niño puede expresar impotencia cuando alguien muere.
Irritabilidad
Falta de concentración en los estudios
Dificultad para dormir o comer. Miedo a la oscuridad
Cómo hablar de la muerte con niños de 12 años en adelante
A partir de esta edad la comprensión es más similar a la de los adultos, pero el duelo mezclado con los cambios propios de la pubertad y la adolescencia puede ser más duro de lo que pensamos.
Un niño de esta edad puede llegar a sentirse muy solo, especialmente si no tiene amigos que hayan pasado ya por un trance semejante, con los que puedan compartir cómo se sienten.
En la pubertad, las cosas se sienten con más intensidad y rapidez, con lo que el duelo puede llegar a ser abrumador. Es importante ser muy pacientes y comprensivos con ellos, y explicarles que cada uno vive el duelo a su manera, y que no hay una forma “correcta” de hacerlo.
Algunos no reaccionarán mucho cuando se les dé la noticia, y les llevará más tiempo procesar lo sucedido y llegar a compartir sus sentimientos. Otros, sin embargo, se sentirán profundamente afectados de inmediato. La reacción de cada niño es única, y deberás adecuar a ella el apoyo que necesita.
Pueden aparecer preguntas más profundas:
sobre el sentido de la vida
sobre qué ocurre después de morir
sobre si otras personas también morirán
Y lógicamente, preocuparse por aspectos logísticos si quien ha fallecido es uno de sus progenitores: quién los cuidará, quién cuidará la casa, quién los llevará al colegio, cómo conseguirán dinero, cómo será su futuro…
Estos son los cambios más frecuentes en el comportamiento de los adolescentes y jóvenes:
Agresión / Enojo. Pueden tener dificultades para controlar las emociones fuertes, por lo que terminan actuando mal o enfadándose.
Actuar como adultos. Es posible que les preocupe el futuro ahora que la persona ha fallecido y sientan que necesitan asumir un rol más adulto.
Distancia. Quizás no quieran hablar de sus sentimientos. O quizás prefieran hablar de sus emociones con sus amigos, en lugar de con un adulto.
Problemas de sueño. Podrían tener más dificultades para conciliar el sueño o permanecer dormidos. O podrían sentir que necesitan dormir constantemente.
Problemas de rendimiento. Empeoramiento en su capacidad de atención en clase, o en la realización de los deberes.
Cambio de perspectiva. Podrían empezar a ver su futuro de otra manera, preocuparse por el futuro, cambiar de perspectiva o replantearse sus objetivos.
Todas estas son reacciones naturales. Pero si el duelo es demasiado complicado o prolongado, y afecta significativamente a la vida del niño durante más de 12 meses, será necesario buscar el apoyo de un psicólogo experto en duelo o cualquier otro especialista en salud mental.
Durante muchos años se pensó que lo mejor era proteger a los niños alejándolos de los funerales o ceremonias.
Hoy sabemos que, cuando se hace de forma adecuada, participar puede ayudarles mucho a comprender lo que está ocurriendo.
Algunas formas sencillas de involucrarlos:
Encender una vela
Elegir una fotografía
Dibujar algo para la persona que ha fallecido
Escribir una carta
Contar un recuerdo bonito
Participar les permite sentir que también forman parte de ese momento familiar. Eso sí, es importante explicarles antes qué va a suceder.
Por ejemplo: “Habrá personas hablando de lo mucho que querían a papá. También puede haber gente llorando, porque están tristes. Si en algún momento quieres salir o descansar, podremos hacerlo.”
Si un niño va a asistir a una despedida, conviene anticiparle qué va a pasar.
Por ejemplo:
“Habrá muchas personas.”
“Algunas estarán llorando.”
“Habrá música y personas contando historias.”
Esto reduce mucho la ansiedad.
También es importante darles libertad para decidir.
Se puede preguntar:
“¿Te gustaría ir?”
“¿Prefieres participar de otra forma?”
No todos los niños quieren hacerlo de la misma manera.
Los niños suelen hacer preguntas que pueden resultar difíciles para los adultos.
Algunas muy frecuentes:
“¿Dónde está ahora?”
“¿Va a volver?”
“¿Yo también me voy a morir?”
Lo importante es responder con sinceridad y sencillez.
Por ejemplo:
“Todas las personas mueren algún día, pero normalmente cuando son muy mayores.”
“Ahora lo importante es que estamos juntos y nos cuidamos.”
Si la familia tiene creencias espirituales o religiosas, también pueden compartirse.
El duelo infantil no ocurre en un solo momento. A veces los niños vuelven a hacer preguntas semanas o meses después, y esto forma parte del proceso normal de duelo.
Por eso es importante que el tema no se convierta en un tabú.
Algunas formas de mantener el recuerdo vivo:
Recordar no hace daño. Al contrario: ayuda a integrar la pérdida.
Los niños muchas veces comprenden mejor las emociones a través de historias.
Algunos libros que pueden ayudar:
Los cuentos permiten hablar de la muerte desde un lenguaje simbólico que los niños entienden muy bien.
Los niños no necesitan que los adultos tengan todas las respuestas.
Lo que más necesitan es sentir:
Cuando la familia habla de la muerte con honestidad y cariño, los niños aprenden algo muy valioso: que el amor y los recuerdos continúan, incluso cuando alguien ya no está.
En Soul Stories creemos que los niños también forman parte de la historia de una familia.
Por eso, cuando organizamos una despedida, pensamos en formas delicadas y respetuosas de incluirlos:
Porque despedirse también puede ser una forma de aprender que el amor permanece.
Ana Iglesias es creadora de Soul Stories y especialista en ceremonias de homenaje y despedidas personalizadas. Con más de dos décadas de experiencia en la organización de eventos, acompaña a las familias en la creación de actos íntimos y significativos para honrar la vida de quienes han sido importantes.